EXPERIENCIA N° 42
El Maserati GranCabrio es el primer Maserati descapotable de cuatro plazas, pero esto no significa que no tenga nobles antepasados. Todo lo contrario, los vehículos del Tridente rigurosamente destinados a ser conducidos al aire libre y al disfrute de dos personas han escrito capítulos enteros de la historia de los automóviles de cuatro ruedas.
El primero es el que narra la leyenda del A6G Frua Spyder, fabricado en una serie muy limitada en los años 50: cada uno de estos vehículos se distingue de los demás gracias a los detalles, que en el ejemplar único que lleva el sello Frua cobran el rango de obras maestras. Para comprenderlo no hay más que observar la parte frontal, con el borde cromado y los faros antiniebla empotrados, que pocos meses después, en el A6G 2000, será transformada en la rejilla del radiador de forma oval, tan típica de Maserati, con el magnífico tridente situado en el centro.
Por las venas mecánicas del A6G Frua Spyder corría la misma sangre que después ennoblecería a automóviles como el 3500 Gt Spyder de Vignale, inimitable fuente de inspiración para los grandes carroceros italianos de los años 60, que competían por vestirlo con elegantes ropajes forjados a mano por los maestros artesanos. El 3500 Gt Spyder era tan hermoso que por él perdían la cabeza incluso en Hollywood: sus participaciones en películas de las grandes productoras son innumerables. Así por ejemplo, “actuó” con Lee Marvin y John Cassavetes en Código del hampa y junto con Kirk Douglas en Dos semanas en otra ciudad, en ambos casos vistiendo “ropas de escenario” que llevaban la firma de Vignale.
La leyenda continúa en los años 60. Un viento nuevo soplaba en las calles. Un viento que resultó ser imponente en el 64, cuando apareció el Mistral Spyder. Con respecto a los cánones estéticos de su época era casi minimalista, pero quien tenía la suerte de poseerlo conducía un puro sangre capaz de “galopar por las praderas” a 255 kilómetros por hora. El Mistral se transformó en Ghibli y cautivó incluso a Henry Ford II, que se paseaba por Detroit con su Spyder. A los que le acusaban de “adulterio” respondía: “El Ghibli sólo desaparecerá de mi aparcamiento cuando seáis capaces de proyectarme un Ford igual de hermoso.”
Si seguimos pasando las hojas del libro mayor de Maserati, en las páginas más cercanas a nuestros días nos encontramos con otro de los vehículos de los que el GranCabrio puede ser considerado descendiente directo: es el Spyder del 2001, artífice del renacimiento de la Casa, capaz de entroncar, sin solución de continuidad, con nombres y denominaciones legendarios, como A6/G 2000 GT, 3500 GT, Mistral y Ghibli. Modestia, pasión y elegancia son los rasgos distintivos del nuevo Spyder, que es más que un simple automóvil de ensueño con un gran temperamento, pues está dotado de una tecnología con la que Maserati conquista un prestigio todavía mayor. El cambio, por ejemplo, se halla situado en el puente trasero formando un conjunto monobloque con el diferencial autobloqueante. Ello propicia un comportamiento equilibrado en carretera, más aún si cabe por efecto del sistema automático de suspensión, que se adapta al terreno con una rapidez diez veces superior a la de los sistemas empleados hasta ahora.
26M Gransport Castagna
Para encontrar antepasados de cuatro plazas del GranCabrio hay que buscar en los archivos de los carroceros que en torno a los años 30 aplicaban su arte a la mecánica proporcionada por las casas automovilísticas. En efecto, en aquellos años, la carrocería Castagna, un taller automovilístico que por aquel entonces alcanzó su máximo esplendor, se ocupó de reconfigurar un Maserati 26M para transformarlo en un elegante cabrio de cuatro plazas, de un fino color claro, cuya belleza mereció ser coronada, a finales del 1932 en el primer Concurso de Elegancia Villa D’Este en la categoría de vehículos descapotables.
Para conseguir las cuatro plazas se recurrió a un chasis alargado a 3890 mm y de 970 mm de anchura, estructura que fue objeto de numerosos obsequios en la época y que tuvo el mérito de mantener un excelente equilibrio en la distribución de los pesos, virtud que hoy día sigue adornando a todos los Maserati.
A este ejemplar único se sumarán, en esos mismos años, otros dos, menos laureados pero igualmente dignos de mención, realizados por encargo de la empresa inglesa R.A.G. Patents Ltd, de Londres, también a partir del chasis del 26M, y destinados a las carreras de larga duración, en las que se exigía que los vehículos tuvieran cuatro plazas.
Glamour legendario
El Maserati GranCabrio es el primer Maserati descapotable de cuatro plazas, pero esto no significa que no tenga nobles antepasados. Todo lo contrario, los vehículos del Tridente rigurosamente destinados a ser conducidos al aire libre y al disfrute de dos personas han escrito capítulos enteros de la historia de los automóviles de cuatro ruedas.El primero es el que narra la leyenda del A6G Frua Spyder, fabricado en una serie muy limitada en los años 50: cada uno de estos vehículos se distingue de los demás gracias a los detalles, que en el ejemplar único que lleva el sello Frua cobran el rango de obras maestras. Para comprenderlo no hay más que observar la parte frontal, con el borde cromado y los faros antiniebla empotrados, que pocos meses después, en el A6G 2000, será transformada en la rejilla del radiador de forma oval, tan típica de Maserati, con el magnífico tridente situado en el centro.
Por las venas mecánicas del A6G Frua Spyder corría la misma sangre que después ennoblecería a automóviles como el 3500 Gt Spyder de Vignale, inimitable fuente de inspiración para los grandes carroceros italianos de los años 60, que competían por vestirlo con elegantes ropajes forjados a mano por los maestros artesanos. El 3500 Gt Spyder era tan hermoso que por él perdían la cabeza incluso en Hollywood: sus participaciones en películas de las grandes productoras son innumerables. Así por ejemplo, “actuó” con Lee Marvin y John Cassavetes en Código del hampa y junto con Kirk Douglas en Dos semanas en otra ciudad, en ambos casos vistiendo “ropas de escenario” que llevaban la firma de Vignale.
La leyenda continúa en los años 60. Un viento nuevo soplaba en las calles. Un viento que resultó ser imponente en el 64, cuando apareció el Mistral Spyder. Con respecto a los cánones estéticos de su época era casi minimalista, pero quien tenía la suerte de poseerlo conducía un puro sangre capaz de “galopar por las praderas” a 255 kilómetros por hora. El Mistral se transformó en Ghibli y cautivó incluso a Henry Ford II, que se paseaba por Detroit con su Spyder. A los que le acusaban de “adulterio” respondía: “El Ghibli sólo desaparecerá de mi aparcamiento cuando seáis capaces de proyectarme un Ford igual de hermoso.”
Si seguimos pasando las hojas del libro mayor de Maserati, en las páginas más cercanas a nuestros días nos encontramos con otro de los vehículos de los que el GranCabrio puede ser considerado descendiente directo: es el Spyder del 2001, artífice del renacimiento de la Casa, capaz de entroncar, sin solución de continuidad, con nombres y denominaciones legendarios, como A6/G 2000 GT, 3500 GT, Mistral y Ghibli. Modestia, pasión y elegancia son los rasgos distintivos del nuevo Spyder, que es más que un simple automóvil de ensueño con un gran temperamento, pues está dotado de una tecnología con la que Maserati conquista un prestigio todavía mayor. El cambio, por ejemplo, se halla situado en el puente trasero formando un conjunto monobloque con el diferencial autobloqueante. Ello propicia un comportamiento equilibrado en carretera, más aún si cabe por efecto del sistema automático de suspensión, que se adapta al terreno con una rapidez diez veces superior a la de los sistemas empleados hasta ahora.
26M Gransport Castagna
Para encontrar antepasados de cuatro plazas del GranCabrio hay que buscar en los archivos de los carroceros que en torno a los años 30 aplicaban su arte a la mecánica proporcionada por las casas automovilísticas. En efecto, en aquellos años, la carrocería Castagna, un taller automovilístico que por aquel entonces alcanzó su máximo esplendor, se ocupó de reconfigurar un Maserati 26M para transformarlo en un elegante cabrio de cuatro plazas, de un fino color claro, cuya belleza mereció ser coronada, a finales del 1932 en el primer Concurso de Elegancia Villa D’Este en la categoría de vehículos descapotables.
Para conseguir las cuatro plazas se recurrió a un chasis alargado a 3890 mm y de 970 mm de anchura, estructura que fue objeto de numerosos obsequios en la época y que tuvo el mérito de mantener un excelente equilibrio en la distribución de los pesos, virtud que hoy día sigue adornando a todos los Maserati.
A este ejemplar único se sumarán, en esos mismos años, otros dos, menos laureados pero igualmente dignos de mención, realizados por encargo de la empresa inglesa R.A.G. Patents Ltd, de Londres, también a partir del chasis del 26M, y destinados a las carreras de larga duración, en las que se exigía que los vehículos tuvieran cuatro plazas.
